Reflexión IV Semana de Cuaresma

Dios nos ama sin medida

La Cuaresma avanza y es tiempo de irse centrando en lo que es más importante y fundamental. Comenzamos la cuarta semana y debemos centrarnos en el amor de Dios. Ahí está clave del mensaje del Evangelio de esta semana: “tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo Jesucristo a salvarlo” (Jn 3, 14ss).

En este domingo tenemos dos opciones, o vivir en las tinieblas o dejarnos envolver por la luz de Cristo.

El problema es que, aunque sabemos que la luz de Cristo que es seguirle con absoluta confianza nos va a salvar, muchas veces nos dejamos llevar por otras luces, por aquellas luces del egoísmo, de la autosatisfacción, de lo fácil y cómodo, que al final no nos dejan ver con claridad lo más lógico, que la salvación de Dios es un don suyo y en numerosas ocasiones renegamos de ello.

Hoy, la Palabra de Dios es una invitación para que seamos capaces de acogerla sin ningún tipo de prejuicio. Es una invitación a que nos quitemos las ideas preconcebidas de un Dios castigador, que espera a que nos equivoquemos un poco para castigarnos sin piedad, generando en nuestra vida religiosa una idea de un Dios que juzga y condena.

Pero hoy, como siempre el Evangelio nos sigue rompiendo esquemas, somos nosotros los que aceptamos o no el mensaje de Jesús, los preceptos de Dios, porque hoy Juan nos recuerda que Dios es, ante todo, amor, y que nos regala su amor para que lo compartamos y lo vivamos sin medida. Y es que las palabras de san Pablo en la segunda lectura cobran sentido “Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe” (Ef, 2, 4ss).

En definitiva, Él nos regala su amor para que lo vivamos y lo compartamos sin medida. Cuaresma es levantar la mirada, reconocer el amor con que Dios nos ama y darnos cuenta de que seguirle a él es lo mejor que podemos hacer con nuestra vida.

Feliz semana. Un saludo en Cristo Despojado y en nuestra Madre del Dulce Nombre.

NHD. Manuel Sánchez García, Diputado de Formación.