Compartimos la reflexión de N.H.D. Antonio Puerto para este cuarto domingo de Adviento.

Queridos hermanos:

Hemos llegado al último domingo de nuestro tiempo de preparación, el Adviento. La ciudad está preparada con sus luces, en nuestras casas hemos puesto el nacimiento y adornos que nos anuncian la Navidad. Pero ¿hemos preparado lo más importante? ¿Estamos nosotros preparados para el encuentro con el Dios-con-nosotros?

Hoy, la liturgia nos invita mirar a María en el momento de la Anunciación. Ella, mujer valiente, es capaz de responder con generosidad a la llamada de Dios a ser Madre de su hijo y Madre de la Iglesia. En el Evangelio de hoy se produce un diálogo entre María y el Ángel Gabriel. Me fijo especialmente en las palabras que Dios, a través de su mensajero, dirige a la Virgen:

  • “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. La alegría es la primera invitación de Dios. Todo comienza en la alegría, la gracia y la fe. En un mundo y una situación en que podemos dejarnos llevar por la tristeza, nosotros estamos invitados a alegrarnos profundamente. No es una alegría insensible con los problemas del mundo o con la tragedia de la muerte sino una alegría arraigada en saber que Dios nos colma de su gracia y que siempre está a nuestro lado, nunca nos abandona, aunque pasemos por situaciones difíciles.
     
  • “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús.”. En un segundo momento María es invitada a no tener miedo a su misión. Este mensaje también hoy encuentra mucha actualidad. Muchos estamos asustados ante la situación presente pero lo nuestro no debe ser el miedo que nos paralice en la misión. Debemos ser prudentes, tomar todas las medidas necesarias para proteger la vida de los más vulnerables, ayudar a frenar los contagios, ser responsables… Pero todo esto no puede paralizar, como miedo insuperable, la misión.
     
  • “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. Por último, el Ángel recuerda a María la presencia del Espíritu Santo. No todo depende de nosotros y nuestras fuerzas. El Espíritu es el que nos impulsa, nos mueve y nos cubre con su sombra. No somos nosotros los todopoderosos, sólo Dios es el que todo lo puede. Para Dios nada hay imposible.

Contemplemos hoy a nuestra Madre, a la que tanto amamos en nuestra Hermandad desde la advocación de Dulce Nombre, alegrémonos con la llena de gracia, superemos nuestros miedos a responder a la misión desde el ejemplo del sí de María y como ella dejémonos cubrir de la sombra del Espíritu para que pueda hacer cosas maravillosas a través de cada uno de nosotros, porque para él nada hay imposible.

Feliz cuarto domingo de Adviento.

Antonio Puerto Diosdado C.Ss.R.

Categorías: Despojado

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