Como es tradición en la Hermandad, un nuevo Miércoles de Ceniza amanece con Ntro. Padre Jesús Despojado, portando corona de espinas que no se retirará hasta el Domingo de Resurrección, dando inicio al tiempo de Cuaresma.

Comenzamos una cuaresma más. Y ya van… y aunque vayan tantas, ésta te hace falta. La necesitas. Porque pararse, encontrarte contigo mismo y sobre todo con Él, siempre viene bien.

Dios ya actúa en el mundo y en tu vida. Solo necesitas parar, despojarte y hacer silencio para darte cuenta. Orar es eso, ponernos a la escucha, dejar que Dios y su Espíritu hablen en nosotros y nos ayuden a anunciar aquello que vivimos, porque lo creemos. Aquello que nos mueve a salir a la calle y procesionar.

Jesús aparece en muchos pasajes del Evangelio, orando al amanecer –antes de comenzar su jornada- o se nos dice que “pasó la noche en oración” (Lc 6, 12). Alabar al Padre, nutrir su vida, antes de hablar a la gente, escucharles y curarles. Para llevar las personas a Dios, primero hay que escuchar a Dios, porque si no, estaremos dando otras palabras e ideas, quizás muy buenas y sabias, pero no las de Dios. Se trata de ir a lo fundamental. Cada cuaresma nos hace la misma invitación cansinamente, y sin embargo, nunca está de más.

Este miércoles de ceniza nos presenta las figuras del rico Epulón y el pobre Lázaro. El primero vivía sólo pendiente de sí mismo, de sus banquetes y sus vestidos; y ajeno al sufrimiento ajeno, incluso ajeno a Dios. Lázaro en cambio vivía agradecido de coger las sobras de su mesa, ¡ironías de la vida! Da gracias quien menos tiene.

Escuchar a Dios para escuchar al hermano. Ésa es la invitación. Aunque también funciona al revés: escuchar al hermano –al prójimo- para escuchar a Dios. Oración, caridad y penitencia, una propuesta para ser cristianos de nombre y de hechos.

Víctor Chacón Huertas, CSsR

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